martes, 12 de mayo de 2015

La criminalización de las semillas campesinas – resistencias y luchas

 

La Via Campesina

Foto: Tineke d'Haese/OxfamFoto: Tineke d'Haese/Oxfam









Introducción
Las semillas constituyen uno de los pilares irremplazables de la producción de alimentos. Las/os agricultoras/es de todo el mundo son muy conscientes de ello desde hace siglos. Se trata de un acuerdo universal y básico que todas/os las/os agricultoras/es comparten. Salvo en aquellos casos en los que han sufrido agresiones externas o circunstancias extremas, prácticamente todas las comunidades agrícolas saben guardar, conservar y compartir las semillas. Millones de familias y de comunidades agrícolas han trabajado para crear cientos de cultivos y miles de variedades de cultivos. El intercambio habitual de semillas entre las comunidades y los pueblos ha permitido que los cultivos se adapten a diferentes condiciones, climas y topografías. Esto es lo que ha permitido que la agricultura se extienda, crezca y alimente al mundo con una dieta variada.
Sin embargo, las semillas también han sido la base de procesos productivos, sociales y culturales que han dotado a las poblaciones rurales de una habilidad obstinada para mantener cierto grado de autonomía y negarse a ser completamente controladas por las grandes empresas y el gran capital. Desde el punto de vista de los intereses de las empresas que se esfuerzan por tomar el control de la tierra, de la agricultura, de la alimentación y el gran mercado que representan, esta independencia supone un obstáculo.
Desde la Revolución verde, las empresas han desplegado una serie de estrategias para lograr este control: la investigación agrícola y los programas de expansión, el desarrollo de cadenas mundiales de materias primas y la ampliación masiva tanto de la agricultura de exportación como del agronegocio. La mayoría de las/os agricultoras/es y pueblos indígenas han resistido a esta apropiación y continúan haciéndolo de maneras diferentes.


El sector empresarial intenta actualmente erradicar esta rebelión a través de una ofensiva legal de escala mundial. Desde la creación de la Organización Mundial del Comercio, y prácticamente sin excepción, todos los países del mundo han aprobado leyes que permiten a las empresas ser propietarias de diferentes formas de vida: ya sea a través de patentes o de los llamados derechos de obtentor o leyes de protección de obtenciones vegetales, ya es posible privatizar microorganismos, genes, células, plantas semillas y animales. En todo el mundo ha habido movimientos sociales, especialmente organizaciones agrícolas y campesinas, que han resistido y se han movilizado para evitar que estas leyes fueran aprobadas. La resistencia continúa en muchas partes del mundo e incluso cuenta ya con algunas victorias. Para reforzar este movimiento, es muy importante que el mayor número posible de personas, especialmente en los pueblos y las comunidades rurales más afectadas, comprendan estas leyes además de su incidencia y objetivos y la capacidad que tienen los movimientos sociales de reemplazarlas por leyes que protejan los derechos campesinos.
Las leyes sobre semillas que promueve la industria se caracterizan actualmente de la siguiente manera:
a) Evolucionan constantemente y son cada vez más agresivas. A través de nuevas olas de presión política y económica (especialmente a través de los llamados tratados de libre comercio, los tratados de inversión bilaterales y las iniciativas de integración regional) todas las formas «suaves» de los derechos de propriedad sobre las semillas han sido endurecidas y continúan siendo cada vez más restrictivas y a un ritmo cada vez mayor. Las leyes sobre semillas y la protección de obtenciones vegetales son revisadas continuamente para ser adaptadas a las nuevas exigencias de la industria semillera y la biotecnología.
b) Las leyes que ceden derechos de propriedad sobre las semillas se han visto reforzadas por otras normativas que se supone deben garantizar la calidad de las semillas y la transparencia del mercado además de evitar falsificaciones, entre otras. Estas otras normativas incluyen la certificación de semillas, la comercialización y las normas sanitarias. Con ellas, empieza a ser obligatorio que, por ejemplo, las/os agricultoras/es adquieran o utilicen únicamente semillas comerciales adaptadas a la agricultura industrial, o que suponga un delito entregarle semillas a tu hija/o o intercambiarlas con un/a vecino/a. El resultado es que las ferias e intercambios de semillas (que son una creciente forma de resistir a estas leyes) comienzan a ser ilegales cada vez en más países.
c) Al reforzar la privatización, estas leyes ignoran los principios básicos de justicia y libertad y violan de manera directa la Declaración Universal de Derechos Humanos. Las leyes sobre semillas han impuesto como norma asumir la culpabilidad de cualquier persona que sea acusada de no respetar los derechos de propriedad sobre las semillas, tirando por la borda el principio de que las personas son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. En algunos casos, se pueden tomar medidas contra el/la infractor/a acusado/a sin que se le comuniquen los cargos. Estas leyes sobre semillas están logrando que incluso sea obligatorio denunciar a las/os presuntas/os cómplices, legalizando por tanto los registros y la incautación de semillas ante una mera sospecha (incluso sin que sea necesaria una orden judicial) y permitiendo que sean agencias privadas quienes lleven a cabo estos controles.
d) Estas normativas son redactadas de manera imprecisa y con un lenguaje incomprensible y contradictorio, dejando demasiado margen para su interpretación. En la mayoría de los casos, las leyes pasan por las cámaras legislativas en secreto o a través de acuerdos internacionales que no se pueden debatir a escala nacional ni local.
La experiencia demuestra que cuando la falta de información y el secretismo para impulsar dichas leyes es contrarrestada por las campañas de información y la movilización de organizaciones sociales, la gente no quiere estas leyes. La mayoría de las personas rechazan la idea de que una empresa pueda apropiarse de una variedad vegetal y prohibir a las/os agricultoras/es que reproduzcan sus propias semillas. Se trata de algo completamente absurdo. La gente por lo general tampoco suele estar de acuerdo con que el trabajo que hacen las/os agricultoras/es para alimentar el mundo deba, de pronto, pasar a constituir un delito. Cuando la resistencia ha sido lo suficientemente fuerte, se ha logrado parar el expolio jurídico que estas leyes pretenden conseguir.
La experiencia demuestra así mismo que quienes pretenden privatizar, monopolizar y controlar las semillas en nombre de las grandes empresas multinacionales no tienen límites. No existe la posibilidad de negociar, hacer concesiones o alcanzar acuerdos mutuos de manera que puedan coexistir de manera pacífica los diferentes intereses. La agenda de las empresas consiste en que resulte imposible para las/os agricultoras/es tener semillas y por tanto que sean dependientes de las semillas que han comprado.
De igual forma, la experiencia nos muestra que es posible resistir y desmantelar estos ataques. Sin embargo, esto requiere de herramientas de información y socialización que permitan disipar el humo de falsas promesas y palabras bonitas, con el fin de que la gente realmente vea lo que se esconde tras las leyes sobre semillas. Este cuaderno quiere ayudar a que este trabajo sea posible.
1. Las leyes sobre semillas ilegalizan a las/os agricultoras/es
El desplazamiento de las semillas campesinas constituye un proceso que ha ido ganando terreno y velocidad en todo el mundo durante las últimas décadas. En el siglo XX, cuando el cultivo de plantas y la producción de semillas pasaron a conformar actividades separadas de la agricultura, las variedades campesinas fueron poco a poco reemplazadas por las variedades industriales. En Europa y América del Norte, este proceso tuvo lugar a lo largo de varias décadas y fue impulsado por nuevas tecnologías como el desarrollo de los híbridos. En Asia, África y América Latina, comenzó después de los años 60, cuando los llamados programas de desarrollo impulsaron los cultivos «de alto rendimiento» y el uso de insumos químicos (la denominada Revolución verde). En los últimos veinte años estamos siendo testigos de una situación nueva, en la que se está desatando una agresiva ola de leyes sobre semillas, a menudo en nombre del «libre comercio», con el fin de paralizar casi todas las actividades que llevan a cabo las/os agricultoras/es con sus semillas.



Las/os agricultoras/es que producen e intercambian sus propias semillas dentro de su propia comunidad o con las comunidades vecinas no necesitan leyes que gobiernen su producción o intercambio. Los derechos colectivos para utilizar las semillas comunitarias suelen ser orales y están establecidos y se respetan lo suficiente dentro de cada comunidad como para regular su uso. Sin embargo, una vez que las semillas son comercializadas a gran escala por las empresas que las producen con métodos y en lugares desconocidos, a menudo traspasando las fronteras nacionales, las leyes pasan a ser necesarias para combatir el fraude, la falsificación, las semillas de mala calidad que no germinan o que transmiten enfermedades y los transgénicos. También resultan necesarias para proteger las semillas locales y los sistemas sociales y culturales que garantizan la supervivencia de los sistemas de producción alimentaria escogidos por las poblaciones. Estas leyes, que están destinadas a la «prevención del fraude comercial» y la protección de la soberanía alimentaria, representan una conquista del campo. Desgraciadamente, una vez que la presión de las movilizaciones populares y agrícolas se debilita, la mayoría de estas leyes son reescritas por la industria con el fin de fomentar sus propias semillas «mejoradas» y para prohibir las semillas campesinas. La expresión «Leyes sobre semillas» a menudo remite a las normativas sobre propriedad intelectual tales como las leyes sobre patentes o la legislación sobre la protección de las obtenciones vegetales, incluidas las que regulan el comercio y la inversión, las normativas relacionadas con la salubridad de las plantas, la certificación de las denominadas «buenas prácticas agrícolas» relacionadas con la comercialización, o las también denominadas normativas sobre bioseguridad (véase el cuadro 3). En su conjunto, estas leyes a menudo conllevan que las semillas campesinas sean decretadas como ilegales, catalogadas como inadecuadas y tratadas como una fuente de riesgo a eliminar.
Estas nuevas leyes sobre semillas reflejan el creciente poder de la industria alimentaria y agrícola. Hasta la década de los años 70, se desarrollaron y distribuyeron nuevos tipos de variedades de cultivo por parte de las empresas estatales, los pequeños establecimientos de semillas y los organismos públicos de investigación. Desde entonces, hemos sido testigos de un proceso masivo en el que las grandes empresas han tomado las pequeñas y en el que los programas públicos han dejado paso al sector privado. En estos momentos, solo 10 empresas representan el 55% del mercado mundial de semillas. Y el poder de los lobbies de estos gigantes (como Monsanto, Dow o Syngenta) es muy grande. El resultado es que han logrado imponer medidas restrictivas que les facilitan un control monopólico.
Los acuerdos de comercio e inversión son el arma elegida para imponer las leyes de semillas allí donde no existen o para crear nuevas legislaciones que sean más favorables a las empresas multinacionales. El objetivo final está claro: evitar que las/os agricultoras/es preserven las semillas y en su lugar compren en el mercado las semillas de las empresas. En este proceso, se logra que los gobiernos abandonen el cultivo de plantas y la producción de semillas. En África, las semillas campesinas representan entre el 80% y el 90% de cada plantación estacional. En Asia y en Latinoamérica, representan entre el 70% y el 80%. Por lo tanto, desde el punto de vista del Director de un agronegocio, aún hay un gran mercado por crear y conquistar. Incluso en Europa, donde las semillas industriales ya dominan la agricultura, las empresas continúan presionando para que se apliquen de manera más estricta las normativas existentes y así eliminar los focos de resistencia y restringir la capacidad de las/os agricultoras/es para reutilizar las semillas. Mientras que resulta cierto que no todas las leyes se aplican, cuando sí lo son, el resultado ha sido muy represivo: se han confiscado y destruido semillas campesinas; hay agricultoras/es que han sido vigiladas/os y algunas/os de ellas/os se enfrentan a acusaciones de delitos criminales y penas de prisión por el mero hecho por continuar trabajando dentro de sus sistemas campesinos y utilizar sus propias semillas.
Al mismo tiempo, vemos que en casi todos los lugares se está respondiendo al poder de la industria.

Estas respuestas se expresan de muchas formas diferentes e incluyen organizarse y crear movilizaciones masivas, hacer frente a la publicidad falsa que afirma que estas leyes sobre semillas son necesarias o que responden a los intereses de la población, la intervención mediática, la educación en los centros de enseñanza y en los lugares de culto, el teatro callejero, la desobediencia civil para desafiar las leyes injustas y lo más importante, el trabajo diario de continuar desarrollando sistemas de agricultura campesina y de pequeña escala. Estos sistemas incluyen no solo las semillas y plantas nativas o locales sino también la tierra, los territorios de las culturas y modos de vida de las poblaciones rurales. La experiencia demuestra que cuando este poder de oposición que defiende las semillas campesinas es fuerte, otras formas de protesta ya sea en los tribunales o en los parlamentos pueden suspender o cuestionar las leyes negativas. Dado el poder y los intereses que están en juego, la lucha contra las leyes sobre semillas no logra el éxito en una sola batalla. Por el contrario, se trata de una pelea continua para defender la agricultura campesina y la soberanía alimentaria en su conjunto.

martes, 5 de mayo de 2015

Conservación de la semilla



Introducción


Habitualmente los huertos en balcones y terrazas son pequeños. Suelen estar formados por varias jardineras o una o pocas mesas de cultivo. Por lo tanto, la cantidad de plantas es reducida y la cantidad de semilla que se necesita para hacer las siembras cada temporada es muy poca.
Por ejemplo, un sobre de semilla biológica de lechuga contiene alrededor de 0,5 gramos de semilla. Esto significa unas 300 a 400 semillas. Aunque a menudo se utilizan de 2 a 3 semillas para asegurar la nascencia de cada planta que sembramos, la cantidad de plantas que se puede obtener con un sobre es muy elevada si lo comparamos con las necesidades de un pequeño agricultor urbano.
Independientemente de si hemos comprado la semilla o la hemos obtenido de las plantas de nuestro huerto, siempre existe la necesidad de conservar una parte de la semilla para próximas temporadas de siembra.




Qué es la semilla
En el lenguaje vulgar y a veces también en el lenguaje comercial, la semilla es "cualquier cosa" que sirve para reproducir una planta. Por ejemplo, los tubérculos de la patata o los dientes de ajo a menudo se nombran como semillas, pero si hablamos con propiedad, no son semillas.
Desde un punto de vista más estricto y botánico, las semillas son el resultado de la fecundación del ovario de una flor femenina por el polen de otra flor o de la misma flor. Las semillas son estructuras vegetales secas ya que tienen un contenido de humedad que suele ser menor del 10%. Estan formadas por un embrión, que son las células que daran lugar a la futura planta, y por otros tejidos que tienen la función de proteger o alimentar el embrión en el momento de la germinación.
Se dice que la semilla es un ser vivo ya que, mientras es viable, respira y mantiene la capacidad de germinar. La germinación de la semilla dará lugar cuando haya humedad en el suelo. En algunas especies para inducir la germinación también es necesario una época más o menos larga de frío o que la cubierta de la semilla se degrade para permitir su hidratación. No es este el caso de las hortalizas, ya que solo con humedad y una temperatura adecuada según cada espécie, es suficiente para provocar la germinación.



La viabilidad
La viabilidad de la semilla es la capacidad que tiene de germinar y dar lugar a una nueva planta. Las semillas pueden mantenerse viables un número muy variable de años, des de uno hasta 10 o más años. Un lote de semillas no pierde su viabilidad de forma repentina. La proporción de semillas capaces de germinar disminuye progresivamente a lo largo de los años.
Esta disminución de la viabilidad depende mucho de las condiciones de almacenaje y, por lo tanto, es dificil decir el número de años que se puede conservar la semilla de una especie determinada. A pesar de esto, en la siguiente tabla damos una orientación del tiempo medio de conservación de diferentes especies:
Especie
Años
Acelga
4
Apio
5
Berengena
5
Calabaza
5
Cebolla
1
Coles
4
Espinaca
4
Guisante
3
Judia
3
Haba
4
Lechuga
3
Maíz
2
Melón
5
Nabo
4
Pimiento
3
Pepino
5
Rábano
4
Zanahoria
3
Tomate
3




La conservación
La semilla no puede conservar su capacidad de germinación de forma indefinida. El mantenimiento de la viabilidad de la semilla depende mucho de las condiciones de almacenaje. Las semillas hortícolas deben conservarse secas, en un lugar fresco y protegido de la luz. Debemos seguir los siguientes consejos:
    • La semilla se debe conservar con el mínimo de humedad posible, si se nos ha humedecido debemos dejarla secar en una bandeja. Después se guarda en un recipiente hermético para evitar que se vuelva a humedecer. Par disminuir la humedad se puede añadir gel de sílice dentro del recipiente de conservación.
    • El lugar de conservación debe ser fresco, la nevera es un espacio óptimo para la mayoría de semillas siempre que el recipiente o la bolsa esté herméticamente cerrada, en caso contrario se puede malograr.
    • En el recipiente o bolsa escribiremos la fecha, la especie y el origen de la semilla.
    •  
Cuando queramos utilizar la semilla después de un periodo largo de conservación podemos hacer una prueba de germinación para asegurarnos de su viabilidad. Se trata de poner algunas semillas en varias capas de papel húmedo, a una temperatura de 20-25º (en el interior de casa) y observar la germinación después de una o dos semanas.

Un pote hermético y bien etiquetado es un lugar ideal para conservar las semillas

lunes, 4 de mayo de 2015

http://www.fao.org/typo3temp/pics/79f925619d.jpg 

La FAO y las semillas

 

La FAO desempeña un papel principal en fortalecer la conservación y el uso sostenible de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura mediante el apoyo a las políticas, la asistencia técnica y la concienciación.
En el sentido más amplio, esto abarca toda la gama de acciones relacionadas con la conservación, diversificación, adaptación, mejora y entrega de semillas a los agricultores a través de los sistemas de semillas.
La FAO, de acuerdo con las actividades prioritarias del Segundo Plan de Acción mundial, ayuda a los países miembros a realizar las siguientes actividades clave:
  • Fortalecer los programas de producción de semillas, incluyendo la multiplicación de semillas de primera generación, teniendo en cuenta las ventajas comparativas de los sectores público y privado de semillas. 
  • Fortalecer las asociaciones nacionales de semillas y apoyar la aparición de empresas locales privadas de semillas que participen en su producción y distribución a través de un mejor acceso a nuevas variedades, actividades de creación de capacidad y planes de crédito adecuados.
  • Fortalecer la capacidad de los agricultores en la multiplicación de semillas con el fin de mejorar la calidad de las semillas producidas en el sector informal, en particular en la transición de la emergencia a las actividades de desarrollo y donde no existe un sector privado.
  • Promover actividades que aporten valor añadido en el ámbito local como forma de diversificar los ingresos de los agricultores y estimular la demanda de semillas.
  • Fortalecer los programas de sistemas de semillas comunitarios para mejorar los conocimientos y habilidades de los agricultores relacionados con las variedades y semillas.
Sistemas de semillas
En muchos países en desarrollo los agricultores aún no se benefician de las ventajas del uso de semillas de calidad debido a una combinación de factores que incluyen la producción ineficiente de semillas, los sistemas de distribución y de garantía de calidad, así como la falta de políticas correctas de semillas y otros instrumentos normativos.
Para hacer frente a estas limitaciones, la FAO trabaja en una serie de áreas destinadas a mejorar las semillas en los países en desarrollo y fomentar los vínculos entre los sistemas de mejoramiento y los de semillas.
Producción y entrega de semillas
Por lo general hay muchos grupos diferentes de actores involucrados en la producción, distribución y comercialización de semillas en todo el mundo, incluidos los agricultores, productores de semillas, pequeñas empresas, grandes empresas, institutos de investigación agrícola, distribuidores de insumos agrícolas, la sociedad civil y los mercados locales.
La FAO promueve la aplicación de un enfoque integrado para mejorar el acceso de los agricultores a semillas de calidad, que abarca los sectores de semillas informales y formales (públicos y privados) en el desarrollo de cadenas nacionales de suministro de semillas.
Seguridad en materia de semillas
Las operaciones de emergencia de la FAO se centran en cuestiones de seguridad en materia de semillas para mejorar el acceso de los agricultores a semillas de buena calidad de variedades adecuadas a través de la distribución de semillas, cupones y/o ferias de semillas que puedan ser necesarias.
Esto permite a los agricultores reanudar la producción agrícola después de las emergencias, minimizando así su dependencia de la ayuda alimentaria.

martes, 21 de abril de 2015

9 Razones para cultivar un huerto orgánico:

 9 Razones para cultivar un huerto orgánico:
  1. Rejuvenece el espíritu: con el sol en la espalda y la tierra entre los dedos, cultivar puede ayudar a conectar con la naturaleza, su ritmo, sonido y señales, como pocas pueden hacerlo
  2. Tiente su paladar: Entre los muchos estudios que han comparado el sabor de los productos orgánicos con los de cultivo convencional, los orgánicos son claros vencedores. Un reciente estudio realizado en Washington, las fresas fueron mucho mas dulces. En tierras equilibradas se producen plantas mas robustas, fuertes y sabrosas.
  3. Nutre su cuerpo: El mismo estudio mostró que las fresas orgánicas tienen mas antioxidantes, compuestos fenólicos y vitamina C que las no orgánicos .
  4. Construirá una comunidad saludable: Compartir con los vecinos y amigos los excedentes de verduras frescas cultivadas, es una forma de especial de corresponder  a su comunidad y fortalecer conexiones.
  5. Protegerá nuestrros ríos: Desde que los huertos orgánicos no utilizan pesticidas, herbicidas o fertilizantes químicos, ninguno de estos químicos circulan ni van a parar a los suministros de agua y estuarios.
  6. Una manera de hacer ejercicio: Como cualquier otra a actividad física, cultivar puede ayudar a evitar enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes o hipertensión arterial. Desde plantar las semillas a arrancar las malas hierbas, usted está quemando calorías, y ni siquiera se dará cuenta.
  7. Ahorrar dinero: Consumiendo los productos orgánicos que usted mismo está cultivando le permite ahorrar. Y no tendrá que hacer tantos viajes en coche para ir a comprar, lo que se traduce en menso gasto en gasolina  y menos explotación de carbón.
  8. Evitar los químicos: Muchos pesticidas aprobados por la EPA (Agencia de Protección Ambiental) se registraron mucho antes de que la investigación  mostrara un posible vínculo entre estos productos y químicos y enfermedades como el cáncer. Las frutas y verduras cultivadas orgáncamente carecen absolutamente de productos químicos potencialmente tóxicos, porque no son tratadas con pesticidas, hormonas de crecimiento, fertilizantes o aditivos artificiales como aromatizantes, colorantes o conservantes.
  9. Crea diversidad: La ausencia de productos químicos permite que los pequeños animales, aves e insectos beneficiosos no se vean perjudicados por el uso de químicos, y el ecosistema de su huerto pueda prosperar.

lunes, 13 de abril de 2015

Declaración de impuesto sobre la renta



La junta directiva de la Fundación BIO-VIDA, informa que se realizo la declaración de impuesto sobre la renta, correspondiente al año 2014, de acuerdo a las exigencias de la legislación vigente.

Emanado de la presidencia. 13/04/15

lunes, 2 de marzo de 2015

CUMPLIMOS UN AÑO Proponiendo, Participando



 
Un año de lucha y grandes satisfacciones, nuevos y cualitativos amigos, imparable cantidad de compromisos o exigencias para la Fundación Bio Vida, el 2015 se presenta lleno de retos, como el trabajo con comunidades que adelantamos en el estado de Lara, queremos agradecer a los que por su voluntad, se han adherido a la comunidad nacional, los que realizaron aportes intelectuales o se pusieron a la orden de la organización.

Se vislumbra la consolidación del centro nacional de semillas, del programa para la obtención de germoplasma de la planta “Moringa Oleífera” de su procesamiento, redoblaremos el esfuerzo, que sea colectivo el compromiso y la construcción. Queremos también trasmitir un mensaje de aliento a quienes siguen esta iniciativa, nuestro país no tiene otro destino que el éxito de sus habitantes, de todos sin excepciones, de eso depende que sea más o menos rápido su materialización, pero en definitiva con trabajo y estudio, ordenando prioridades y estableciendo parámetros de justicia en condiciones de igualdad para el conjunto de la sociedad, lo lograremos.

Invitamos y nunca descansaremos en reiterarlo, a todos los que tengan algún aporte, no importa cómo te veas o pienses, total el planeta es uno solo, diverso y heterogeneo, con una marcada tendencia a desaparecer, mucho antes que las diferencias entre sus habitante, de esa gran paradoja, insistimos, tenemos que salirnos.

Directiva de la Fundación Bio-Vida
Presidencia.